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¿Conoces los riesgos de una picadura de garrapata?

Picaduras de garrapatas: riesgo de contraer enfermedades infecciosas mientras andamos y corremos al aire libre

A día de hoy es muy común realizar actividades deportivas al aire libre, entre ellas correr, no sólo en espacios urbanos, sino también en el campo, en el bosque o en caminos rurales, ya sea de manera recreativa o bien en actividades organizadas (cross, carreras de orientación …).

 

El clima en el que vivimos (sobre todo el mediterráneo más que el atlántico, con predominancia de temperaturas cálidas, relativa humedad y prácticamente ausencia de temperaturas extremas), en zonas donde abundan los arbustos o matojos bajos, favorece que vivan (y proliferen) insectos o pequeños organismos que pueden generarnos problemas de salud potencialmente importantes si no tenemos unas mínimas nociones sobre qué hacer si nos pican o nos muerden.

 

Uno de estos pequeños organismos son las garrapatas. Se consideran una subespecie de ácaros, denominados artrópodos ectoparásitos hematófagos (se alimentan de sangre) y constan de un cuerpo ovalado, con 4 pares de patas y un par de garras que están ancladas a la cabeza, que utilizan para morder al ser al que parasitan (perros, gatos, aves e incluso humanos).

 

Existen varias especies de garrapatas, pero la predominante en nuestros bosques son las del género Ixodes ricinus (aunque los fenómenos migratorios han hecho que se hayan identificado otras especies originalmente no autóctonas de nuestro ámbito (como por ejemplo la Ixodes persulcatus, o la Ixodes scapularis). Y en cada uno de estos géneros hay varias subespecies (como por ejemplo la Rhipicephalus sanguineus, o garrapata canina marrón, también llamada garrapata café del perro).

 

Las garrapatas pueden vivir en arbustos y matojos, pero su principal fuente de alimentación es la sangre de los animales. El roce con una planta que esté infestada, origina que las garrapatas salten, y se anclen a la piel de su «víctima» mediante las garras delanteras. A partir de este momento, si no se sacan (o caen bien porque el huésped -perro, gato, humano- se la sacude, o bien porque se desprenden al morir), se alimentan de la sangre que succionan.

 

Aparte de la molestia inicial (no siempre perceptible) de la propia mordedura (pueden originar dolor, picor, eczema o aparición de una -o en menor frecuencia, varias- lesiones redondeadas y rojas, con una mancha central y un «anillo satélite periférico», llamada eritema migrans), los verdaderos problemas pueden aparecer si dejamos a la garrapata pegada al cuerpo del huésped durante varios días y no la retiramos de manera correcta.

 

Dentro del jugo gástrico de la garrapata, pueden vivir y se pueden reproducir pequeños microorganismos (predominante bacterias y virus) que, si se inoculan al huésped al que ha mordido la garrapata, y no se identifican y se tratan, pueden originar serios problemas de salud (en este caso al humano).

 

La garrapata, de manera refleja, presenta reflujo de sus propios jugos gástricos que se pueden mezclar con la sangre del organismo infectado. Si estos jugos gástricos están infectados, estas infecciones pueden transmitirse al ser humano (y en el mejor de los casos, el propio sistema inmunitario de la persona infectada puede eliminarlas).

 

Entre los organismos que anidan en el jugo gástrico de las garrapatas, y dependiendo de la zona del planeta donde nos encontremos, se pueden encontrar:  principalmente bacterias como la Borrelia, la Erhlichia, la Bartonella, el Mycoplasma, la Rickettsia y la Clamidia (contando cada una de ellas con varias subespecies); pero también parásitos, como la Babesia.

 

Una de las enfermedades emergentes en los últimos años (no tanto por su prevalencia -que parece ser que ha permanecido estable a lo largo de los años-, sino porque han mejorado las técnicas diagnósticas) es la Enfermedad de Lyme (que en muchos casos se ha dado a conocer porque alguna persona famosa o conocida, la ha sufrido).

 

Esta enfermedad se produce por una bacteria llamada Borrelia (y la predominante en nuestro entorno, es la Borrelia burgdorferi); se conocen más de 50 subespecies de la misma y, en función de esto, pueden generar distintos síntomas y puede ser más sencillo o más complicado tratarla). Es una bacteria gramnegativa, de la clase espiroqueta.  Hace más de 100 años que se conoce y la enfermedad que provoca (Lyme) debe su nombre a una región de Connecticut (Estados Unidos) donde a mediados de los años 70 se describieron varios casos clínicos de gente joven enferma con síntomas similares que presentaban como denominador común el diagnóstico de «reuma juvenil» y de haber sido mordidos antes por garrapatas (es una zona endémica).

 

Si se transmite a las personas (es necesario que la garrapata -que esté infectada- permanezca anclada al humano un mínimo de 48hs,  que es el tiempo que tarda la bacteria en migrar desde el estómago hasta la herida). Dentro de la primera semana (sobretodo a partir del 3er o 4o día), aparecen síntomas que simulan una gripe (malestar, dolor articular y muscular, febrícula, dolor de cabeza). Entre la 2a y la 4a semana (en casi el 80% de los casos), en la zona de la picadura, aparece un eritema migrans, que tiende a desaparecer espontáneamente y que puede originar picor (y en algunos casos, dolor).

Para evitar que los síntomas se cronifiquen y originen problemas de salud graves en un futuro (alteraciones músculo-tendinosas, afectación neurológica, alteraciones cardíacas… síntomas que en alguna ocasión pueden simular fibromialgia y/o fatiga crónica) es muy importante:
– acudir a un centro sanitario para que se extraiga la garrapata con unas pinzas (si no se hace correctamente, puede quedar la cabeza y/o las patas delanteras ancladas, al arrancarla).

– valorar la necesidad de tratamiento antibiótico precoz (las guías americanas recomiendan instaurar tratamiento antibiótico oral ante cualquier picadura de garrapata, a modo preventivo).

– seguimientos médicos periódicos, al menos durante un período de 4 meses y, en función de si los síntomas aparecen (y si es así, si remiten, persisten o empeoran), valorar estudios analíticos microbiológicos específicos (serologías).

 

Ante esto, es recomendable, cuando se realice ejercicio físico en espacios abiertos no urbanos, utilizar calcetines altos (que permitan la transpiración) y, cuando nos duchemos, si notamos picor o escozor en alguna zona, revisarnos bien la piel.

 

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